Los investigadores de la NASA ya tienen la evidencia de que una
de las más misteriosas lunas de Júpiter esconde un océano
de agua bajo su corteza helada.
Esta evidencia proviene de las lecturas magnéticas realizadas
por la sonda Galileo.
Europa, la cuarta de las lunas más grandes de Júpiter,
ha sido sospechada por mucho tiempo de alojar vastas cantidades de agua.
Teniendo en cuenta que la vida como la conocemos requiere agua, esto hace
a Europa un objetivo prioritario para la búsqueda de exobiología
(vida más allá de la Tierra).
La dirección que una brújula adquiere en la superficie
de Europa indicaría la presencia de una capa líquida conductora
de la electricidad, tal como agua salada por debajo de una capa de hielo
sólido.
Los científicos anunciaron esta conclusión cuando recibieron
los primeros datos que contaron la historia, provenientes del magnetómetro
de Galileo inmediatamente luego que esta nave veterana volara en las cercanías
de Europa en el mes de Enero. El equipo científico detalló
su teoría de la capa líquida en un reporte muy reciente.
“Tenemos buenas razones para creer que las capas superficiales de Europa
están constituidas por agua encontrándose líquida
o congelada”. Textuales palabras de los científicos a cargo, quienes
señalaron que las mediciones gravitacionales tomadas con anterioridad
evidencian una baja densidad, tal como la del agua, para las porciones
superficiales de esta luna.
Pero el hielo no es un buen conductor eléctrico, deduciendo
que la capa conductora puede llegar a ser el océano líquido
tan esperado.
Galileo ha volado por las cercanías de Europa con mucha frecuencia
desde que comenzó a orbitar Júpiter y sus lunas en Diciembre
de 1995.
Las imágenes tomadas en estos sobrevuelos muestran patrones
que los científicos ven como evidencia de un océano escondido.
En algunas, las capas de hielo parecen haberse elevado debido a la flotación
sobre un fluido que yace por debajo. En otras, el fluido parece haberse
desparramado por encima de las placas de hielo congelándose sobre
ellas.
Aún así, estas configuraciones podrían ser explicadas
mediante la teoría de un antiguo océano que subsecuentemente
se ha congelado, solidificándose.
Los datos magnetométricos constituyen la única explicación
que se tiene de que el océano tan buscado existe hoy y no constituye
un antiguo legado del pasado geológico.
Los científicos dicen que el caso del agua líquida en
Europa no es un asunto confirmado. La evidencia es aún indirecta,
y requiere muchos pasos de investigación para establecer las conclusiones
que realmente confirmen que se trata de un océano salado. Una respuesta
definitiva podría provenir de precisas mediciones de gravedad y
altitud, para descubrir efectos de mareas.
La NASA está planificando una misión llamada Orbitador
de Europa que llevará instrumentos capaces de proporcionar esa información.
La evidencia magnética de la existencia de un océano es posible
porque Europa orbita dentro del campo magnético de Júpiter.
Este campo induce a que una corriente eléctrica fluya a través
de una capa conductora cercana a la superficie de Europa, y la corriente
crea un campo magnético secundario en ella.
Existe evidencia clave de que las lecturas magnéticas en las
cercanías de Europa resultaría de este tipo de efecto secundario,
implicando que una capa de agua salada está actuando. La dirección
del campo magnético de Júpiter en Europa se invierte de manera
predecible a medida que la posición de la luna cambia dentro de
él.
Durante el sobrevuelo de Galileo en Enero, la dirección del
campo de Júpiter en Europa fue opuesta a la que había sido
durante los pasos de 1996 y 1998. El equipo científico predijo cómo
eso cambiaría la dirección de la polaridad magnética
de Europa si esta tuviese una capa de agua salada, y la mediciones de Galileo
coincidieron con esta predicción.
Esto constituye una situación muy concreta de que la fuente
de la evidencia magnética es una capa conductora cerca de la superficie.
Se espera que el magnetómetro de Galileo también juegue un
papel importante este otoño e invierno en estudios relacionados
con Júpiter mientras la sonda Cassini, que explora Saturno, pase
cerca de éste. Galileo estará dentro del campo magnético
de Júpiter mientras Cassini esté justo afuera de él,
en el viento solar de partículas que están escapando del
sol. Los científicos planean tomar ventaja de este posicionamiento
para aprender más respecto de cómo el viento solar afecta
al campo magnético.
Galileo completó su misión original alrededor de tres
años atrás, pero se le dio una extensión de tres años
más y ha resistido tres veces la cantidad de la radiación
para la que estaba diseñada.